Poemas de Amarilla, de Marta Sanz
12/01/2026
En LiterNatura reproducimos tres poemas de Amarilla (La Bella Varsovia), de Marta Sanz.
En la plaza central de New Haven
vimos brillar
un árbol amarillo.
El amarillo del árbol
era la expresión
más pura
del color de silvestre campanilla.
De la enfermedad hepática.
Recordamos ese borrón amarillo contra el cielo,
y nos preguntamos por qué
estas impresiones memorables
suelen ocurrir siempre en New Haven.
En Memphis.
En Houston.
En Los Ángeles.
En la plaza central de New Haven
vimos brillar
un árbol amarillo.
Persistencia silvestre
de la retama amarilla
frente al efímero rojo
de las amapolas.
Tamaña
declaración de la tierra
debería hacer brotar
no sé si la esperanza,
pero sí un pensamiento
que no es flor.
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ME SIENTO SEGURA JUSTO EN EL INSTANTE EN QUE SE DESENCADENA LA TORMENTA.
Porque solo hay tormenta en la tormenta
y la tormenta nos aísla
de todos los males del mundo.
Me acomodo en el interior de la tormenta.
Hago nido.
La tormenta es matriz
y protección circular
contra todas las cosas.
La suspensión del tiempo
en la humedad del caos.
Ensancho el pecho en maraña de esta tormenta.
Vuelan, más allá de mí,
las techumbres,
los muertos,
las palanganas.
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En los tiestos de mi balcón,
petunias jugosas
-y fosforescentes-,
también la promesa
de flor de jazmín.
Asocio mi posibilidad de tomar aire
con florecillas
que podrían haberse malogrado
y me pregunto
si conviene
depositar
confianza tan extrema
en esta vegetación
domesticada.
En el malogro fallido
-esa paradoja-,
y no tanto en lo pequeño
ni en el verdor que se abre paso
entre los adoquines,
nace
quizá
brizna
de luz.
****
Belleza de las perchas para regar los campos.
Belleza del injerto y del esqueje.
Del abono y los planetarios cráteres
de la col romanesco.
Belleza.
Del suero anestésico.
Y de la nectarina.
En el reverso
de los preciosos campos de colza de Castilla,
crisoles de toda la luz del sol,
que expelen respiraciones y vatios,
esferas de una felicidad mucho más que razonable,
borrón amarillo en los perfiles,
que entra por el ojo;
detrás de las flores de colza,
del aliento cromático de la naturaleza
-la naturaleza es
lección de aromaterapia y yoga facial-,
al otro lado de las flores de colza,
recargadas por baterías portátiles,
para el fluir no angustioso
de nuestras emociones,
ahí,
detrás,
en las juanramonianas manos amarillas de dios,
en sus cultivos y, también,
en las floraciones espontáneas,
se esconde
el recuerdo turbio
de una garrafa de aceite,
que se apila
contra la rueda
de una furgoneta
en el mercadillo.
Dentro de la flor, otra vez dentro,
oímos el calambre, elástico y crónico,
el dolor hecho escultura,
en los huesos y las fibras musculares,
de aquellas personas
que vivieron y aún viven
en los barrios pobres.
Marta Sanz. Ha sido profesora de Lengua y Literatura en las carreras de Periodismo, Publicidad y Comunicación Audiovisual de la Universidad Nebrija y responsable de materias del Máster y del Doctorado en Lingüística aplicada. Imparte talleres de Lectura y Escritura creativa en escuelas y universidades nacionales e internacionales, y ha colaborado con el Instituto Cervantes.
Ha publicado novelas, poemarios, cuentos y trabajos de crítica literaria por los que ha obtenido importantes premios como el Ojo Crítico de narrativa por Los mejores tiempos, el Herralde de novela con Farándula o el finalista del Nadal por Susana y los viejos. Sus últimas novelas publicadas por la editorial Anagrama han sido: Clavícula, Monstruas y Centauras, Pequeñas mujeres rojas y Persianas metálicas bajan de golpe. Sus obras han sido traducidas a distintas lenguas. Colabora con El viajero de El País, El Cultural y Yo dona.
