“Antes que la ciencia hay que poner el relato. Por eso llevamos a presidentes en nuestro submarino”.
Entrevista a Enric Sala, director del proyecto Pristine seas de National Geographic
Por Gabi Martínez
15/01/2026
Photograph by Manu San Félix, National Geographic Pristine Seas
La coleta de Enric Sala refulge como una crin al sentarse en una terraza a pocos metros de la sede de National Geographic en Washington. Hoy tiene reunión de Pristine seas, el proyecto que lidera desde 2008 para explicar las transformadoras posibilidades de los mares prístinos. Sus investigaciones, reportajes y documentales han contribuido a la creación de 27 de las mayores reservas marinas del planeta, más de 6,5 millones de kilómetros cuadrados. Uno de sus secretos es haber aprendido a narrar el mar en versión siglo XXI.
Sala nació en la Girona de 1968, y su libro La naturaleza de la naturaleza (Ariel 2022) dedica unas páginas a las islas Medas, señalando la mínima protección marina de la costa catalana. Antes de hablar sobre La Odisea, Vanuatu, el Calypso que capitaneaba Jacques Cousteau, el impacto de la universidad y la enfermedad en su vida o las posibilidades del rewilding en la España vacía, comenta que acaba de volver de Baleares, donde se ha preservado una zona para que solo pesquen pescadores locales, y la vida marina se está recuperando muy bien allí. En España hay doce reservas marinas gestionadas por el gobierno, no todas igual de protegidas, pero, en cualquier caso, y pese a las evidencias de que intervenir es sinónimo de éxito colectivo, aún se preservan muy pocas millas de mar. “En Catalunya existen tres reservas integrales -dice-. Juntas, miden lo que el barrio del Poblenou. En una costa de 600 kilómetros. Un espacio ridículo, prácticamente nada”.
Habla sobre la distancia entre las presuntas buenas intenciones para cambiar inercias y lo que se hace; entre lo que se dice e incluso se firma, y la ejecución final. “España tiene un 35 por ciento de espacio protegido, pero la mayor parte de esas áreas no protegen contra nada, sobre todo las de la red Natura 2000, que protege áreas por escrito, pero no están implementadas, no tienen plan de gestión, no tienen regulaciones que las haga diferentes de verdad. O sea, son parques de papel. Natura 2000 es una etiqueta que en realidad no lleva a ninguna parte”.
-¿Y las Reservas de la Biosfera protegen? España es el país con más Reservas del mundo, 55.
-Todo lo de la Unesco es una etiqueta, no confiere ningún tipo de protección. Y las Reservas son de la Unesco.
Constatar la inoperancia a gran escala también ha sido una motivación para este naturalista vocacional. Por eso retrocedemos a 2007, cuando Sala abandonó su casilla en la élite universitaria para emprender el proyecto Pristine seas.
-¿Qué ocurrió?
-Llevaba diez años como profesor y había llegado al nivel más alto. Cuando saqué la plaza de Assistant Professor, voy a la sede la Universidad de California en San Diego, el vicerrector nos reúne a varios profesores y dice: Os vamos a evaluar por tres cosas. Una, investigación: publicar lo que queráis, es lo más importante; segundo, la docencia. Debéis dar al menos una clase al año. Y después, el servicio. La verdad es que el servicio no importa. Apuntaros a un comité de la universidad, uno de jardinería o de lo que sea que os dé poco trabajo y ya, pero el servicio público no lo valoramos. Uau. La aplicación de la investigación para conservación no se evaluaba. Me quedé… Yo publicaba un montón, pero vi que todo el trabajo que estaba haciendo, partiéndome los cuernos para intentar proteger lugares, no se valoraba nada. Y un día que estaba escribiendo un artículo sobre la sobrepesca en el Mar de Cortés, pensé: esto ya lo dije hace un par de años. En aquel momento disponía de más datos, pero era como si estuviera reescribiendo el obituario del Mar de Cortés. Y lo vi: somos patólogos. Estamos escribiendo el obituario de la vida marina cada vez con más precisión, pero es como el doctor que te dice que te vas a morir con mucho detalle y no te ofrece una cura. En ese momento decidí que me iba a dedicar a la cura. Volví a España. Un año. Saqué una plaza de investigador en el Centro de Estudios Avanzados de Blanes. Pensé, vale, aquí estoy con mis amigos, al lado de casa, en la Costa Brava… quizás solo haga una expedición al año a algún lugar exótico, pero la calidad de vida es buenísima.
Photograph by Manu San Félix, National Geographic Pristine Seas
“Todas las historias que se han contado son variaciones sobre un mismo tema. Comencé a leer a Esquilo, Eurípides, las tragedias griegas… y, uau. Leí retórica. Demóstenes y Cícero. Siguiendo esa pista es como estructuramos la narrativa en nuestros documentales de National Geographic. Hay mucho pensamiento detrás de esto.”
-¿Y?
-Al poco tiempo me di cuenta de que no estaba listo para retirarme, todavía tenía ganas de marcha. Quería trabajar en conservación, pero las condiciones en el CSIC eran muy difíciles, no había apoyo material ni moral. Lo bueno es que no daba clases y tuve tiempo de pensar, leer y discutir. Un lujo estos días en los que en el sector científico debes estar publicando sin parar. Publish or punish.
-Y ese tiempo te lleva a concluir que…
-Lo que yo quería era salvar los lugares más importantes del mar. Y se me ocurre Pristine seas. Se trata de ir a los lugares más salvajes con expediciones científicas para medir lo prístinos que están, y producir documentales que inspiren a países. Vine en enero de 2008 con una presentación de PowerPoint que incluía una lista de cinco lugares. Les encantó la idea y en julio de ese año me mudé a Washington. Renuncié a mi plaza de funcionario, imagínate, jajaja. No me he arrepentido ni un día.
-Has dicho que para desaprender leíste mucho. ¿Qué lecturas puedes sugerir? Porque, ¿cómo se aprende a emocionar?
-Leí mucho sobre cómo contar historias, pero esto empezó… En 2014 me diagnosticaron cáncer de riñón. Tuve suerte porque me sacaron un riñón y, con él, todo el tumor. Mientras me recuperaba en el hospital pensé que en cualquier momento podría volver a pasar algo así, no sé cuánto me queda… Fue un recordatorio de la mortalidad que me llevó a hacer una lista de propósitos. Entonces, pienso: supongamos que me quedan cincuenta años. Si leo como mínimo diez libros al año, salen 500 libros. No son tantos. Si me quedan diez años, cien libros. ¿Qué libros voy a leer? No voy a leer basura. Tengo que leer cosas que me cundan. Comenzaré con los clásicos. Así que, cuando me estaba recuperando en casa leí La Ilíada, La Odisea, La Eneida, y quedé fascinado. No quería acabar los libros, sobre todo La Odisea. En ese período conocí otras tradiciones de storytelling, la china, la hindú, también la tradición europea. Todas las historias que se han contado son variaciones sobre un mismo tema. Comencé a leer a Esquilo, Eurípides, las tragedias griegas… y, uau. Leí retórica. Demóstenes y Cícero. Siguiendo esa pista es como estructuramos la narrativa en nuestros documentales de National Geographic. Hay mucho pensamiento detrás de esto.
-¿Participas en los guiones?
-Cuando un equipo vuelve de expedición, leo el primer guion, discuto con ellos la historia, leo los retoques… Vaya, estoy involucrado en todo el proceso, sí.
-¿Hay alguna expedición que te haya afectado de manera singular?
-En la primera con Pristine seas fuimos a las Southern Line Islands, en Kiribati. Nos metimos en la máquina del tiempo y le dimos al dial mil años atrás. Estar en el agua rodeado de tiburones, cantidad de peces nadando en aguas con un ochenta por ciento del fondo cubierto de corales… en la laguna del atolón de Millenium había 25 almejas gigantes por metro cuadrado. El sitio más salvaje en el agua que había visto en mi vida. Ese es el epítome de Pristine seas. Luego hubo lugares como Franz Josef Land, en el ártico ruso, un archipiélago que está a cuatro días de navegación del norte de Rusia. Solo en dos de las 142 islas hay gente, por una base militar y otra base científica pequeña, pero todo lo demás está deshabitado, salvaje, lleno de osos polares, morsas, ballenas y los bosques de kelp más al norte del hemisferio. Los sitios que más me impactan son, me emociono incluso al pensarlo, son los más salvajes. Nos muestran no solo lo que hemos perdido sino lo que podríamos tener de nuevo.
Photograph by Manu San Félix, National Geographic Pristine Seas
-La vida te cambiaría radicalmente.
-Tuve que aprender muchas cosas, y que desaprender. Aprendí a comunicar, a producir documentales, a hablar con líderes políticos, conceptos básicos de economía, de gobernanza, comunicaciones estratégicas para entender qué necesitaba para proteger esos espacios. Antes había aprendido como científico, pero ahora se trataba de entender qué información es necesaria para que el político equis tome la decisión necesaria. Fui muy por mi cuenta, leyendo muchísimo, tomé clases, y tuve la suerte de que, en 2008, el World Economic Forum me hizo Young Global Leader y accedí a oportunidades de Executive Education en lugares como Harvard, Yale, Oxford. Aprendí muchísimo sobre liderazgo, gestión, economía, política. Lo que debí desaprender es que lo más importante no es la comida para el cerebro, no son los datos, sino cómo llegar al corazón de la gente. Aprendí que para aplicar la investigación científica necesitas que quienes toman las decisiones, desde el presidente de la cofradía de pescadores hasta el presidente del país, tienen que querer proteger la zona porque están enamorados de ella, y saben por qué hay que protegerla.
Aprendí que, antes que la ciencia, hay que poner el relato. Nos ha funcionado muy bien llevar a gente al agua con nosotros, desde presidentes a ministros. Algunos bucean, y si no, los llevamos en nuestro submarino. Salen del agua absolutamente transformados. La experiencia de ir a un universo que nunca habían imaginado funciona.
-¿A quién han sumergido?
-Por ejemplo, el presidente Iván Duque de Colombia buceó en nuestro submarino con una de sus hijas. Salió transformado. Ir con un submarino es como ir al espacio exterior, un universo con el que casi nadie tiene contacto. Hemos llevado al presidente Palau, a ministros, al príncipe Alberto de Mónaco, que ha buceado varias veces con nosotros. El príncipe Alberto es muy buen buceador, pero la mayoría de líderes nunca han puesto la cabeza bajo el agua. Esa experiencia es imprescindible e insustituible.
“Los sitios que más me impactan son, me emociono incluso al pensarlo, son los más salvajes. Nos muestran no solo lo que hemos perdido sino lo que podríamos tener de nuevo.”
Photograph by Manu San Félix, National Geographic Pristine Seas
-En algunos lugares se ha propuesto que los pescadores dejen de pescar durante tres años, pagarles en el intervalo para que se recupere el fondo marino y entonces volver a faenar para pescar mucho más.
-Es una posibilidad que no me gusta. Es un poco perverso. El mar es diferente a la tierra porque no hay propiedad privada. El agua es un bien común pero la industria pesquera explota ese recurso común para una ganancia privada. Produce alimento, de acuerdo, pero el alimento lo pagamos dos veces. No solamente pagas por el pescado en la tienda, sino que también estamos subvencionando la industria de la pesca. Si en tierra hay un restaurante que no funciona, lo cierras, no va venir el gobierno a salvarte. En el mar, hay industrias y tipos de pesca que son económicamente ruinosas, pero, como la mayor parte de la pesca de arrastre, están subvencionadas por el erario público en un orden de 20.000 millones de dólares anuales. Los gobiernos subvencionan la sobrepesca en todo el mundo. Los pescadores a pequeña escala son muy diferentes de los barcos enormes que capturan cantidades industriales de vida marina y a los que se les paga para que sobreexploten. Existe el mito de que la protección del mar perjudica a los pescadores. Hay que romperlo. Lo único que perjudica a la pesca es la sobrepesca. Perjudica la mala gestión de la pesca, no las áreas marinas protegidas. Hay un ejemplo muy bueno en Baleares. Los profesionales de pequeña escala están pescando mucho más en las reservas parciales. En la bahía turca de Gokova crearon cinco reservas integrales y en cuatro años se triplicaron los ingresos de los pescadores. Eso no se ha conseguido nunca en ningún lugar del mundo. ¿Estamos gestionando la pesca sosteniblemente? Si lo hacemos, no hará falta protección.
-Cifras tan evidentes deberían bastar para cambiar dinámicas, ¿no? Vas, muestras lo que ha pasado en Gokova y dices: ¿Por qué no lo aplicas tú?
-Perfecto, vamos a ver qué pasa en ese caso: voy y le hablo a un pescador que lleva 25 años faenando, uno que quizás no sabe nadar pero sí sabe dónde lanzar las redes para sacar especies determinadas. Nosotros, que estudiamos todas las especies, le recomendamos hacer las cosas de otro modo y él nos responde: ¿vosotros qué sabéis? Bueno, yo llevo estudiando el mar 38 años, y sé que los mejores ejemplos de pesca sostenible han aparecido cuando pescadores y científicos se han unido, pero, para él, de momento, yo voy a sacarle del mar. Pese a que la conservación y los pescadores quieren lo mismo: que haya más peces en el mar, más productividad, más salud. El mensajero es muy importante, porque, de entrada, un pescador no me va a escuchar, pero si le traigo a otro pescador, la cosa cambia.
En Grecia, hay una isla en Las Cícladas, Amorgós, que es donde se filmó El Gran Azul. Todo está pelado bajo el agua. En Grecia están pescando con dinamita, no queda ningún pez grande, han sobreexplotado la zona y saben que no tienen futuro. Un día, Greenpeace lleva al presidente de la cofradía de pescadores de Amorgós a una conferencia donde conoce a pescadores de otros sitios y oye que en la bahía de Gokova se crearon estas reservas, y que los pescadores han aumentado cinco veces las capturas. Este pescador vuelve a su isla y dice: oye, que no lo estamos haciendo bien, mira a los turcos. Entonces, pidieron al gobierno griego que se crearan tres zonas de protección NOTEC. Se aliaron con la universidad de Atenas e identificaron las zonas que querían protegidas integralmente NOTEC. Eso es un éxito. Hay que romper el mito de que los conservacionistas van contra la pesca. La evidencia muestra todo lo contrario.
-Cada vez parece más difícil encontrar a pescadores que confíen en esta línea. A nivel global, durante la última COP se asumió que el propósito debe ser preservar naturaleza, sí, pero que mejor no tocar mucho el tema del cambio climático, motivo fundacional de la COP, porque ahí es imposible llegar a acuerdos. Para los océanos, ¿cuál es el plan?
-En la COP de 2022 vivimos un gran éxito cuando se acordó proteger el 30 por ciento del mar para 2030. Pero hoy aún tenemos menos del diez por ciento protegido, y solo el tres por ciento es reserva integral. Hay muchísimo por hacer. En 2022 se logró el éxito a nivel multilateral, ahora hay que trabajar en cada país. Varios países han invitado a Pristine seas a que les ayudemos a identificar y justificar zonas de protección para cumplir el objetivo. Eso incumbe a las aguas a 200 millas (de la costa de cada país), pero luego tienes alta mar. Este año se aprobó el Tratado de Alta Mar. Es un proceso multilateral en el que proteger cada nueva área marina tarda años de negociaciones y discusiones y votos… Hay lugares muy importantes en alta mar por proteger, pero el 96 por ciento de las capturas viene de aguas nacionales. Es decir, el 96 por ciento del problema que se puede solucionar está en las aguas de los países.
-Aunque National Geographic es muy influyente, hablamos de modificar dinámicas planetarias. ¿Cómo se coordina un cambio global, por dónde se empieza?
-Tampoco somos tan grandes. En Pristine seas trabajamos cincuenta personas. Comparado con los BINGOS (Big International Non-Governmental Organisation) de Washington, somos muy pequeños. Nos enfocamos en estrategia, por eso decidimos producir el documental Ocean.
-The Global Expedition es la misión científica y de conservación también impulsada para filmar el estado los océanos durante cinco años, y de ahí saldrá Ocean. Llevan tres.
-Con Pristine seas hemos producido cuarenta documentales, pero vimos que no había una pieza a nivel masivo que contara los beneficios de las áreas protegidas. Con esto pretendemos informar e inspirar. No hay suficientes organizaciones trabajando en la creación de áreas protegidas en el mundo.
“Utilizamos eufemismos sin darnos cuenta y hemos asumido como normal el lenguaje que utiliza la industria extractiva. Tenemos que hablar de manera que la naturaleza no se minimice, utilizar las palabras de manera efectiva y potente."
Photograph by Manu San Félix, National Geographic Pristine Seas
-Tú mismo has señalado que vuestro proyecto respira un poco como el que lideró Jacques Cousteau con el Calypso. Para conseguir esa fuerza comunicativa, ¿pensáis dar protagonismo a alguna gran figura que se proyecte como lo hicieron Félix Rodríguez de la Fuente, Cousteau, Carl Sagan, Jane Goddall… esos referentes carismáticos que atraían a millones de personas? ¿O pensáis otro tipo de narración?
-He pensado tantísimo en eso… Félix y Cousteau fueron mis referentes, en la infancia estaban ahí. Attenborough es la última figura a nivel global. Creo que esa figura inspiradora es cosa del pasado. Cuando Félix y Cousteau comenzaron, había televisión uno y televisión dos. Nada más. Aquí, en Estados Unidos, lo mismo: había cuatro canales. Ahora, hay millones de plataformas de internet, vas a cualquier hotel de Washington y tienes 800 canales. El mundo mediático está demasiado fragmentado. Hemos perdido esas figuras globales. Vale. Tenemos las voces locales.
En nuestros documentales, al principio había voz en off pero decidimos cambiar y ahora los protagonistas son caracteres locales carismáticos y personas de nuestro equipo de expedición, como pasaba en el Calypso, que aparecían los colaboradores de Cousteau. Algo que el equipo de Cousteau hizo muy bien es que no había narración, pero te sentías como si estuvieras en el Calypso. Nadie miraba a la cámara, no había entrevistas, era como cinema verité. Nosotros hemos desarrollado una fórmula única en la que tampoco hay narración, sino que sigues a nuestro equipo y a los locales, estás viviendo la historia con ellos, y vamos introduciendo entrevistas que funcionan como hilo narrativo, pero nadie habla a cámara sino al entrevistador, al que no ves. Es una fórmula mixta porque está nuestro equipo, pero también damos el megáfono a los héroes locales. Y ahí aparece la emoción, las lágrimas… El aplauso del público llega cuando ven a alguien como ellos. Ya no se trata de escuchar a un señor inglés famoso que tiene cien años sino a una persona que no conoces, pero es como tú. Eso tiene mucho más poder que filmar a la figura global, a la megaestrella.
Tú y yo nos criamos con Félix. Él desarrolló una narrativa, tengo sus Cuadernos de campo en casa, pero, ¿qué ha pasado con todo eso? Porque todo el mundo conocía a Félix, y ahora... Hay un libro de un amigo mío, Claudio Campaña, biólogo filósofo argentino, que dice que no contamos con un lenguaje suficientemente potente para hablar de conservación. Utilizamos eufemismos sin darnos cuenta y hemos asumido como normal el lenguaje que utiliza la industria extractiva. Tenemos que hablar de manera que la naturaleza no se minimice, utilizar las palabras de manera efectiva y potente. En España, amigos que trabajan con Rewilding Europe por la sierra celtibérica, Guadalajara, Cuenca, por la zona con menor densidad de población de Europa, esos amigos dicen: qué lástima que el campo se está despoblando. Pero ahí existe una oportunidad de rewilding para volver a tener lo que nos enseñaba Félix, e incluso algo mejor. La España de Félix estaba supermachacada y lo que nos mostraba era los oasis, las excepciones, pero actualmente en España hay una extraordinaria oportunidad de recuperar el lenguaje de Félix y la emoción para restaurar lo perdido.
-¿Tus nuevas responsabilidades te permiten seguir con el trabajo de campo?
-Paso más tiempo en traje con corbata que en traje de buceo.
-¿Y cómo lo llevas?
-Fue gradual. Mientras creció la ambición fuimos a más sitios, más expediciones. Entonces hacían falta más fondos, eso requería más tiempo de mi parte, porque la recaudación de fondos la llevo yo, a alto nivel, y ocupa mucho tiempo. Bueno, en la vida hay períodos. Ahora facilito la protección de esos lugares que queremos, pero me implica pasar menos tiempo en el agua. No hago esto por disfrute personal. Si pensara en mi disfrute y mi ganancia no estaría trabajando en conservación marina, que es de lo más difícil del mundo.
Sala debe volver a las oficinas de Washington para preparar un world meeting, aunque lo que estos días ha esperado con especial emoción es el homenaje al biólogo marino Kike Ballesteros, fallecido en diciembre de 2024. Fue un colaborador impagable, un amigo íntimo. Una pérdida muy dolorosa. “Muy dura, muy dura. Kike fue mentor mío. El último número de la revista Oryx le homenajea. Estuvo en mi tesis doctoral. En todas las expediciones de Pristine seas íbamos juntos, dormíamos en la misma cabina. Trabajamos el Mediterráneo durante tantos años… era mi referencia de Historia Natural, como una enciclopedia. A veces, todavía tengo el instinto de ¡ostras!, mira qué especie más rara, se la voy a enviar a Kike a ver si sabe qué es. Le echamos mucho de menos”.
Sala se incorpora. Hay océanos por delante.
*Kike Ballesteros fue homenajeado el pasado 3 de diciembre de 2025 en Blanes. Junto a Sala, asistieron otros cinco miembros del equipo Pristine seas.
