“Traté a la liebre como la diplomática que soy”


Entrevista a Chloe Dalton, autora del libro La liebre y yo, Libros del Asteroide.

Por Gabi Martínez

Cierta noche de febrero inglés, una liebre parió una cría junto al sendero que discurre a poca distancia de la casa donde vive la diplomática (profesional) Chloe Dalton. Cuando Dalton salió a pasear y encontró al lebrato solo, acababa de oír varios ladridos de perro. Se preguntó qué hacer. Continuó andando. De regreso, cuatro horas después, el lebrato seguía ahí. Dalton se agachó, se lo llevó a casa y ahora existe un libro titulado La liebre y yo (Libros del Asteroide) que ha ganado el premio Wainwright de literatura de naturaleza y ha transformado a su autora. 

Durante estos días primaverales, Dalton ha cambiado los viajes a cuenta del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth por los de su gira promocional en España. Traje chaqueta, pelo corto, sonrisa tan hábilmente diplomática que se diría sincera y el deseo mutuo de comenzar una charla mano a mano. Dalton ha leído algo sobre la labor de LiterNatura, dice que le interesa el proyecto. 

-Usted compartió mucho tiempo con la liebre hasta detectar que era material literario. A partir de ahí, anota cada detalle. ¿Cuándo decidió escribir este libro?

-Conviví con la liebre más de dos años. El catalizador fue cuando parió en casa. Aquello superó todo lo imaginable. El animal salvaje más secreto y reservado decidió parir en casa de un humano, pese a su vulnerabilidad en ese momento. Y entonces pensé: quizá deberías compartir esta historia. Aunque antes hubo otro chispazo… Cuando la liebre tenía cuatro meses, saltó el muro de la finca por primera vez. Cuando esa misma tarde volvió a casa, me emocioné al darme cuenta de que, pese a tener todo el mundo salvaje, había elegido quedarse en casa. Fui a la mesa, cogí una libreta de un cajón y, sin ser exactamente un diario, porque no escribía cada día, comencé a anotar y a buscar algún patrón en su comportamiento. Las libretas están llenas de pequeños apuntes sobre el tiempo que hacía, por dónde bufaba el viento... estuve observando al animal muy de cerca. Por curiosidad. Había leído sobre las liebres y sobre los primeros meses de su vida, y lo que ocurría en mi casa estaba en las antípodas de lo que leía. Se las consideraba animales mitológicos. Comprendí que no sabíamos gran cosa. 

-El libro plantea una situación extraordinaria, porque usted no la domestica, se limita a convivir con ella. ¿Qué referencias anteriores tenía de convivencias de este tipo?

-Ninguna. No sabía nada de liebres. No tenía animales en mi vida. No pensaba que fuera capaz de algo así. Vivía el día a día mientras todos aseguraban: la liebre morirá. Mi esperanza era que sobreviviera hasta volver a la naturaleza salvaje. Por supuesto, no podía ni imaginar la cohabitación. Lo más inspirador para mí es que fue la liebre la que eligió cohabitar. Y, bueno, algunas de mis decisiones lo hicieron posible: no quise cerrar las puertas ni atrapar en casa al animal. Adapté mi vida para encajar con la liebre. Pero eran cuestiones instintivas, eso era lo más sorprendente. Emergieron toda una serie de instintos dormidos que yo tenía, nuestra relación hizo que todo eso aflorara y creciera y despertara mis sentidos, también el de observación. Aprendí a observar de manera calmada. 

-Pero escribir un libro es ir un paso más allá. Una gran dificultad para alguien que no ha escrito sobre naturaleza es el vocabulario. Con su bagaje diplomático, podía haber escogido escribir sobre un animal humano. pero prefirió la liebre. ¿Por qué? ¿Qué sabía de la literatura sobre animales en aquel momento?

-Cuando hablaba de sentidos dormidos, también aludía a una vieja conexión profunda y emotiva con la naturaleza, el paisaje que parecía extinguida. Tuve animales de niña, pero cuando crecí y entré en el mundo de la política, eso quedó en el retrovisor. Yo evolucioné como alguien que podía destacar en el mundo de la política y, en concreto, en política exterior. Mis sentidos estaban alineados con las dinámicas humanas. Pero parece que tenía interiorizado el amor por la naturaleza. El trabajo con la política exterior me ha ayudado de alguna forma, porque siempre empiezas ignorando cómo es la vida en el país que visitas, así que debes ser humilde, curiosa, tener apertura de miras. 

Quizás, aunque en aquel momento no lo pensaba, traté a la liebre como la diplomática que soy. O como si ella fuera una tierra extraña de la que no sabía nada y debía respetar. Creo que todos tenemos una vida interior oculta bajo capas profundas, un lugar donde eres tú al cien por cien, y por eso estoy absolutamente en deuda con la liebre, que me permitió rescatar ese yo profundo, abrir mis sentidos y ampliar mis miras. 

-¿Cómo se recuerda usted antes de la liebre y cómo se ve ahora? 

-La belleza de la existencia humana es que cambias pero eres igual. En mi caso, me encantaba mi vida, mi trabajo, nunca pensé que necesitara cambiar nada. Pero este animal extraordinario me afectó de muchísimas maneras. Me di cuenta de que tampoco somos tan diferentes de la liebre, pero creemos liderar este mundo alienados de la naturaleza, vivimos al margen de ella. Hemos perdido el contacto al tener una vida absolutamente urbanita. En cuanto a mí, he aprendido a frenar un poco, a observar. Estoy dedicando más tiempo que nunca a un mismo sitio: mi casa. Hay muchos cambios en mi manera de ver el mundo. Yo era alguien que solía pensar que las cosas más emocionantes pasaban lejos, y para vivirlas debía coger un avión, ir a algún lugar extraordinario, tener una experiencia intensa y compleja en otro país. He descubierto que las experiencias más profundas e interesantes pueden ocurrir cerca. Me parece inspirador y esperanzador. Me ha dado calma. Me ha ayudado a reconciliarme con las limitaciones humanas y la increíble belleza de la vida. 

-La política es decisiva para cambiar leyes, y usted es política. ¿Esta experiencia la ha animado a promover algún cambio? Por ejemplo, las liebres son la única especie que se puede cazar todo el año en Inglaterra, y eso la disgusta mucho. 

-Sí, y me encanta haber podido usar mi conocimiento sobre la política para aplicarla en esta situación. Pronto se producirá el discurso del rey del Reino Unido, abrirá la nueva sesión del Parlamento, y el gobierno introducirá una nueva legislación para que haya un coto de caza y que durante una época no se pueda cazar.

-¿Ha sido a raíz del libro?

-El libro ha ayudado mucho, pero hay gente que ha hecho campaña durante décadas. Yo he intentado darles mi apoyo. Organizamos una petición popular y recibimos miles de firmas. Por tanto, he apoyado a gente que tiene mucha más experiencia que yo. Sé navegar un poco por el mundo de la política, y es lo que he aportado. Siento que esta es mi forma de devolverle algo a la liebre. Una ofrenda por el privilegio de haber escrito el libro al lado de liebres.

-O sea, literalmente, hará historia. 

-No lo diría así. Es un pequeño paso. Cualquier cambio importante de ley, en cualquier país, es siempre el resultado de la acción de miles de personas. Para mí resulta inspirador que tanta gente se preocupe por la naturaleza, que quiera a las liebres, y que de manera instintiva entienda cosas que los gobiernos tienden a olvidar. Los gobiernos tienden a pensar que la naturaleza está al final de la lista de prioridades.

-El escritor hindú Amitav Ghosh ha hablado sobre cómo se está infravalorando a la ficción climática, pese a que el cambio climático y los asuntos medioambientales son los temas más importantes del mundo actual. ¿Comparte esa opinión?

-Es un buen punto, pero hablar sobre temas literarios… yo no tenía ninguna intención de convertirme en escritora. De hecho, no pienso que sea escritora. Esta experiencia ha venido de una manera casi mágica. Simplemente tenía la obligación de explicarla. Supongo que todos los escritores tienen la sensación de que deben escribir una historia. Cuando vives un acto de amor, puedes querer compartir una experiencia íntima que sientes que tiene una resonancia más amplia… pero si doy un paso atrás, sí, veo temas muy grandes como el medio ambiente o la naturaleza que forman una parte muy significativa de la literatura de autores como Joseph Conrad. No podrías imaginar las novelas de Conrad sin el protagonismo de la naturaleza. Hay muchas historias así y creo que iremos viendo cada vez más. Es difícil imaginar la cantidad de refugiados climáticos de la última década, gente que ha perdido su casa, lo veo por mi trabajo. Esa gente podría escribir en primera persona sobre las desigualdades de nuestro mundo, pero quizás no están en condiciones de dedicarse a escribir. Yo me encuentro en una posición de privilegio absoluto. 

-Hace unos años, Mark Cocker y Robert Macfarlane discutieron sobre si había que escribir sobre naturaleza desde la denuncia o desde la sensualidad, atrayendo a la gente. Usted ha hecho la apuesta más poética. Por otro lado, dicen que la denuncia tiene siete veces más posibilidades que el halago de provocar una reacción. 

-Solo puedo pensar desde mi perspectiva. Este libro no tiene un programa, una agenda, un propósito. Es una historia sobre un animal salvaje con un vínculo muy improbable con una humana. Yo tuve un chup chup dentro de mí que me despertó un abanico de emociones, y al escribir el libro quería que cada persona se hiciera su propia idea. Puedes ver un símbolo de resiliencia inspirador en tiempos de crisis, pero también puedes ver la cohabitación entre especies e intuir que es posible llegar a un mejor equilibrio entre humanos y animales. No he escrito este libro para convencer a nadie. En un sentido más amplio, pensando en cómo podemos cambiar nuestro mundo, creo que la gente escucha a diario muchas denuncias y noticias malas, pero cuando los humanos actúan juntos y libremente se producen los cambios más importantes. Por eso no creo demasiado en decir a la gente cómo debe vivir, tengo muchísima fe en la naturaleza humana. 

-Reino Unido sufre una alarmante carencia de espacios naturales, y, a la vez, los británicos escriben mucha nature writing. Hay una parte de tradición, pero ¿hay también algo de reacción ante lo que están perdiendo?

-No soy experta en nature writing. Cuando, preparando este libro, entré en una librería y vi una inmensa estantería de LiterNatura, me sentí bastante intimidada, me giré y me fui. Dije, mira, concéntrate en tu historia. Es decir, es verdad que en Gran Bretaña hay tradición de escribir sobre naturaleza. Tras la industrialización en la que se escribía sobre molinos y trenes surgió otra literatura que abordaba el miedo por el campo que se estaba perdiendo. Gran Bretaña ha sido muy viajera, ha explorado otros lugares y ha apreciado y escrito mucha LiterNatura, y defiende la importancia de la naturaleza. Vale. La mía solo es la historia de una mujer que no sabe nada de los animales e intenta llevar adelante su vida cerca de uno. Espero que en este sentido sea atractivo para mucha gente, también para quien de entrada piensa que no es un libro de su incumbencia. De hecho, disfruto cuando la gente me dice no pensaba que este libro fuera para mí, porque no leo LiterNatura ni reflexiones de ese tipo. Me alegra, porque hace dos años yo misma era así. 

-Usted escribe sobre un animal “crepuscular” y “vulnerable”. ¿Hay algún tipo de proyección personal sobre la liebre? ¿Es un canto a los márgenes, a lo frágil y escurridizo?

-Los humanos se sienten atraídos por los Big Five, por los depredadores, sin verse como depredadores, aunque lo seamos bastante. Curioso, porque, hasta que conseguimos un cierto control del mundo, también fuimos presas. Por tanto, quizá tengamos muchas cosas que aprender de un animal como la liebre, cuya supervivencia es casi un milagro. Cuando piensas que solo el cuatro por ciento de la biomasa viva de la tierra está hecha de animales salvajes, y que el 96 por ciento son humanos, ganado y animales de compañía, la liebre se incluye en ese pequeño porcentaje, y entender cómo sobrevive y vive nos puede enseñar mucho. Hubo un momento en el que me di cuenta de que quizás yo había vivido como una liebre, porque mi vida profesional consistía en asesorar a gente importante, visible, y escribir para ellos, darles voz, pero yo estaba perfectamente camuflada. Como una liebre. Que un animal tan silencioso me haya ayudado a encontrar mi voz, me toca la fibra de manera profunda. 

-¿Que tipo de asesoramiento político da usted?

-Mi formación ha sido en política exterior. Sobre todo he trabajado en Oriente Medio, África del Norte, con temas como la proliferación nuclear, en el ámbito de derechos humanos. Y siempre me ha motivado la convicción de que las personas son iguales. Ahora mismo vivimos en un mundo muy desigual, con gente obligada a vivir en situaciones espantosas. El objetivo de los gobiernos es, aparte de preocuparse por sus propios ciudadanos, buscar un equilibrio. Después de esta experiencia con la liebre, siento una enorme humildad. A lo largo de mi vida quizás no aprecié lo suficiente la importancia de la naturaleza pero ahora veo perfectamente que todo eso está muy ligado. 

-Al principio comentaba que de niña sí tenía esta conexión.

-Mi padre era diplomático, crecí en Oriente Medio y he tenido la oportunidad de conocer paisajes muy diferentes: desiertos, mar y montañas, diferentes culturas… La lectura también fue muy importante en mi formación porque viajaba mucho, no había televisión ni por supuesto Netflix. Me siento muy agradecida por lo que atesoré en esa etapa.

-¿Cómo se relaciona con los otros seres no humanos después de la liebre?

-Es como tirar una piedra a un lago. Las olas se van haciendo más grandes. La curiosidad que despertó la liebre aún arde y me siento fascinada por la relación entre humanos y animales. Ahora estoy escribiendo un libro que se titula Pet (animal de compañía), que trata sobre nuestras relaciones con los animales salvajes desde la mirada de esos animales que hemos convertido en animales de compañía. Es fascinante cómo la liebre ha resistido las tentativas humanas para domesticarla. Y, cuando miras al mundo, ves que hay otros animales como ella. Me interesa mucho la tensión de los animales que pasan de un lado al otro. 

-Por cierto, su liebre tuvo lebratos y estos habrán tenido más crías… ¿sigue conviviendo con liebres?

-Continúan conmigo, sí. Estoy con tres. Son los bisnietos de la primera liebre, y todavía me veo observándolos y siguiendo las pistas que van dejando. 

-Esta relación condiciona mucho su vida. ¿Tienen una relación para siempre?

-Eso creo. Siempre seré alguien con inquietud por conocer el mundo, por descubrir gente nueva… acabo de volver de pasar una semana con el pueblo suni en el Ártico, forma parte de la investigación para mi libro, pero ahora tengo una conexión muy profunda con este trozo de tierra y con este pequeño grupo de liebres que vive en mi pequeña isla refugio, y esto me hace apreciar el valor de la tierra y de la vida anclada en un lugar. Por tanto, mis raíces están creciendo profundas… pero las ramas aún son grandes, y vuelan y viajan.