El Hombre Pájaro mira al futuro

Por Gabi Martínez

4/1/2026

El sueño de la foca mediterránea en la playa de l'Estartit. 2011.

“¿Dónde está Jordi?”. Cuando nació su hermano, nadie sabía dónde se había metido el pequeño de seis años. Lo encontraron en los jardines de la clínica buscando a la cigüeña que, según sus padres, había traído al bebé. Sesenta años después, toda una vida mirando al cielo y asesorando tanto a Pasqual Maragall como a Salvador Dalí para proteger ciertos enclaves, Jordi buscaba un chorlito carambolo cuando sonó el móvil. Le ofrecieron la secretaría de Transició Ecològica en el gobierno de la Generalitat de Catalunya. “Estoy jubilado”, respondió. Nunca había asumido un cargo político. “Pues te desjubilas”. Aceptó.

Jordi Sargatal es el ornitólogo naturalista que, con 19 años, ganó la batalla contra Banco de Madrid y Banesto para evitar la construcción del complejo turístico Port Llevant en los humedales donde acostumbraba a avistar pájaros, culminada con la protección de los Aiguamolls de l’Empordà. Y Jordi Sargatal, l’home que seguia els ocells (Icaria) es la biografía que el periodista especializado en medio ambiente Antonio Cerrillo (La Rambla, Córdoba, 1959) ha escrito después de muchas horas de entrevistas realizadas a Sargatal en dos tandas -una en 2009, la otra entre 2024 y 2025-. Pero Cerrillo no solo presenta a este emblemático referente de la órbita naturalista, porque su vida le sirve de hilo para revisar cómo ha ¿evolucionado? la protección medioambiental en Catalunya y España los últimos 50 años.

Expedición de estudio en 1978 en la playa de la Rogera. De izquierda a derecha: Ramon Folch, Jordi Sargatal, Rosa Llinàs, Martí Boada, Adolfo de Sostoa y Joaquim Gozálbez.

Cerrillo recalca el carácter “radicalmente moderado” de Sargatal, reconocido mediador de conflictos entre ecologistas, agricultores, ganaderos, políticos, empresarios… una de esas genuinas raras avis -qué apropiado el latinismo- capaz de logros y acuerdos insólitos gracias a practicar lo que él mismo denomina “la seducción ambiental”. De todas formas, Sargatal ha debido adaptarse a un entorno cada vez más hostil, teniendo en cuenta que, tras el éxito de los Aiguamolls, España experimentó un esperanzador momento proteccionista que cuarenta años después ha resultado un bluf, de los mayores de Europa.

En concreto, Catalunya ha pasado de realizar la primera manifestación ecologista en 1976 y de ser la primera comunidad española en habilitar un parque eólico (Vilopriu, 1984) o crear un departamento de Medio Ambiente (1991) a situarse a la cola nacional en producción de energías renovables mientras pierde biodiversidad a mansalva y, como muchas otras comunidades españolas, recibe múltiples denuncias europeas por incumplir la aplicación de zonas ZEPA o saltarse los límites de contaminación atmosférica en ciudades como Barcelona o Madrid, por no hablar del mantenimiento de los bosques y de las personas que los cuidan.

En el libro, Cerrillo no esquiva un solo tema, y Sargatal responde de frente -“Siempre he sido una voz crítica -dice- leal pero crítica cuando hace falta”- describiendo sin demasiados tapujos problemas enquistados y episodios que hasta resultan dolorosos -tremendo el del chico que crio cercetas cenicientas en una zona donde se estaban extinguiendo y, al ir a preguntar a La Administración dónde las podía liberar…-, pero siempre desprende talante optimista. Por insalvable que parezca el escollo, Sargatal ofrece una idea, una alternativa, una salida. Y lo hace poniendo a prueba a los propios lectores, porque su posición puede sorprender hasta la incomodidad, a unos y a otros, ya que oscila desde avalar la llegada de lobos, reintroducir linces, focas o al ibis eremita, a apoyar la prolongación de la tercera pista en el aeropuerto de El Prat, la construcción del restaurante El Bulli de Ferran Adrià en el protegido Cap de Creus o la instalación de aerogeneradores en el golfo de Rosas. ¿Y si perjudican a la costa y al fondo marino? “Sacaremos la conclusión de que la instalación es imposible” pero “hay una cosa que también es muy importante (…) Los parques eólicos y fotovoltaicos son reversibles, se pueden desmontar; el cambio climático sí que es irreversible”.

Cada opción está meticulosamente argumentada, de modo que los opositores deban por lo menos revisar sus planteamientos y ajustarlos al milímetro. A la hora de negociar, el ornitólogo aplica la teoría de las tres horas: la primera la dedicas a pelearte, la segunda a alcanzar un acuerdo y la tercera a entablar una amistad.

Para atraer al gran público a los espacios naturales y la biodiversidad, apuesta por la simple vista: “Los parques y la naturaleza deben entrar por los ojos”. Sargatal está convencido de que nadie debe salir de un parque con la sensación de “no haber visto nada”, y si los niños piden marcharse, mala señal. En consecuencia, ha llevado desde agua hasta gamos a los parques, y se esfuerza por procurar “comodidad de observación”: los primeros observatorios de pájaros de España se estrenaron en los Aiguamolls de l’Empordà.

El propio término aiguamolls, referido a los humedales, forma parte de su estrategia seductora. En plena campaña por la dignificación de los humedales, Sargatal recordó haber leído esa palabra en Els ocells de les terres catalanes de Joaquim Maluquer. Aiguamolls. Era un sustantivo moribundo, pero en catalán sonaba bien, creyó que tenía más gancho que estany, aiguamort o patamoll, lo rescató… “e hizo fortuna”. 

Jordi Sargatal en la barraca de caña, entre la garganta del Fluvià y la Massona, que servía de base para las expediciones a los Aiguamolls. 1973.

Emplear la palabra hipnótica es clave para ganar aliados e incluso naturalistas futuros. La narrativa… que otros usan para confundir. Por las palabras, por la nomenclatura, los conocerás: los últimos gobiernos de la Generalitat, cada vez más condicionados por las presiones payesas, han ido variando el nombre del departamento de Medi Ambient, que llegó a identificarse como de Acció Climàtica, Alimentació i Agenda Rural. El escoramiento se revela cristalino, y resulta de la enquistada pugna entre el agro y lo eco, en general decantada a favor de quienes tienen capacidad para bloquear carreteras con tractores, o el suministro de alimento a los mercados. “Hay oleadas negacionistas y reactivas muy fuertes -dijo Cerrillo en la presentación realizada en la barcelonesa librería Oryx-. Y una llamativa falta de memoria. Se están cuestionando zonas, cosas, que costó mucho conseguir”.

Sargatal transmite a Cerrillo cuánto le apena que demasiados agricultores prefieran salvaguardar un status quo caduco y perjudicial a mejorar la calidad de alimentos que beneficiarán a la salud de las personas; dice que habría que terminar con las huelgas-chantaje como las tractoradas que impulsa por ejemplo Revolta Pagesa; y que aspira a que en 2026 se active al fin la Agència de la Natura, un organismo tan oficialmente aprobado como aún inactivo, torpedeado sin cesar pese a que -o debido a que- permitiría agilizar innumerables asuntos medioambientales y esquivar contratiempos que solo satisfacen a un puñado de personas partidarias de la inmovilidad. Esa opción infaliblemente perdedora. Esto lo digo yo. 

“Creo que nos encontramos en una cierta inestabilidad política”, opinaba Sargatal en 2009, testigo de cómo los mandatarios se iban plegando a las voluntades de vecinos y grupos ecologistas contrarios a la instalación de estructuras para producir energías renovables en sus demarcaciones. El miedo a perder votos, sean del bando que sean, ha ralentizado peligrosamente la modernización de la producción de energía en Catalunya. “El Empordà no quiere parques eólicos -dice Sargatal-. Pero sí quiere energía eléctrica. Tendrá que producirla”.

Plantear el balance entre lo que se quiere e incluso se necesita, y lo que hay que hacer para tenerlo sin perder la salud, es primordial. Y también pensar en plural, con todo el equilibro posible, apartando las rencillas, practicar una mínima equidistancia y no utilizar por ejemplo al águila perdicera como comodín ecologista para neutralizar proyectos de renovables tan correctos como necesarios, pero que han acabado fulminados por cuestiones políticas, no técnicas.

Es decir, vemos cómo Sargatal bascula entre posturas a priori irreconciliables erigiéndose en máster del Battiatiano centro de gravedad permanente, una suerte de negociador algo zen, aunque capaz de desenfundar los nunchakus con una desarmadora sonrisa. No oculta, no se calla, incluso puede desagradar por momentos, pero avanza junto a todos. Casi todos. Los que quieren avanzar.

La cuestión es que ahora es político. Hasta 2024 había asesorado en ocasiones al Govern, y de forma muy concreta a Pasqual Maragall en asuntos como el canal Segarra Garrigues. Pero ahora es político. Un buen número de ornitólogos y medioambientalistas han visto en su defensa de la tercera pista de El Prat una traición. Cerrillo no se guarda las preguntas, ésta tampoco, y por eso, también durante la presentación en Oryx, la portavoz del Govern Silvia Paneque, que participó en el acto como colega del pajarero, destacó que Cerrillo ha escrito una obra por momentos tan molesta para el entrevistado como las preguntas que durante años les ha hecho el periodista a ella y a otros políticos, y que esta impertinencia es muy loable porque define a un excelente profesional.

A pregunta incómoda, respuesta franca. Y si queda algo en el aire, Cerrillo aporta el marco que permite contextualizar. Quien desee conocer los detalles de la propuesta para ampliar la tercera pista de El Prat, aquí tiene una fuente crucial. El problema no son los ornitólogos, matiza Sargatal, sino la agroindustria, que anhela disponer de espacios donde construir grandes naves logísticas.

Con Martí Boada por el Montseny.

Con tal de recuperar la maltrecha confianza europea tras los incumplimientos derivados de la ampliación del aeropuerto llevada a cabo en 2009, además de un meticuloso plan de compensaciones que multiplicará las zonas protegidas, Sargatal se ha sacado un as (técnico) de la manga con el que cree que podrá convencer a la Comisión Europea para que apruebe la ampliación. Cerrillo contrapone la opinión de su biografiado a la de especialistas seguros de que ese beneplácito no llegará, y, en el toma y daca, el lector concluirá lo que concluya sintiéndose bien informado.  

Además del polémico tema del aeropuerto, Sargatal deberá lidiar sobre todo con cuatro frentes: la transición energética, la sequía, la prevención de inundaciones y la puesta en marcha de la tan boicoteada Agència de la Natura. Cerrillo alude a la urgencia de actuar con eficacia recurriendo a los estudios de los científicos de la plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (Ibpes). La Ibpes reúne a científicos de 150 países que, escribe Cerrillo, “no creen que el declive de la naturaleza pueda frenarse exclusivamente con medidas tradicionales (creación de reservas, más presupuestos, restricción de usos, normas y leyes…). Consideran que para detener y revertir la pérdida de biodiversidad y salvaguardar la vida en la Tierra se necesitan urgentemente cambios profundos, un nuevo imaginario cultural sobre la manera como las personas ven el medio natural”.

Ir al campo y tocarlo, organizar concursos de avistamientos pajareros, de conteo de mamíferos, charlas, escribir o filmar o cantar sobre lo visto y vivido, debería ser un modo de ir moldeando ese cambio profundo. Y divulgar, divulgar, divulgar, también divirtiendo, explicando anécdotas ejemplares como la del día que, durante la celebración de unas conferencias holandesas, Sargatal salió con unos colegas naturalistas a ver pájaros y, ante la impresionante variedad de especies nuevas que identificaban, el geógrafo medioambientalista Martí Boada dijo: “Parece que estemos haciendo el álbum de la Bimbo”. Aludía a la colección de cromos promovida por la popular marca de pan de molde. Desde entonces, cada vez que un pajarero identifica a un ave por primera vez, grita ¡Bimbo! “Fue el 28 de septiembre de 1976, en un pólder de Holanda”, precisa Sargatal, incansable en la búsqueda de fórmulas de seducción, en rebañar la fantasía hasta el punto de proponer a Pasqual Maragall “que merecería la pena instaurar una Conselleria de la Imaginació”.

Ese anhelo fue el que le impulsó, junto al médico y ornitólogo Josep del Hoyo y el abogado, empresario y mecenas Ramon Mascort, a crear la editorial Lynx para, de entrada, publicar el Handbook of the Birds of the World. 17 volúmenes de entre 600 y 800 páginas cada uno. Un hito casi inexplicable en España, pero ahí está. Fruto, también, de lo que en el libro se describe como “la travesía por el desierto”, el período de catorce años que va desde su salida de la Fundació Territori i Paisatge -que desapareció-, hasta la llamada telefónica mientras buscaba al chorlito carambolo.

Al inicio de esa “travesía”, Sargatal pactó con Mascort que se encargaría de dirigir el camping y la fundación del empresario a cambio de disponer de medio año para viajar por todo el mundo y elaborar el Handbook que el propio Mascort propiciaría. Japón, Borneo, Camboya, la Antártida, Nueva Zelanda, Perú, Laponia, Tanzania, China… hasta firmar la hoy considerada enciclopedia de aves más importante del mundo, con láminas e ilustraciones de altísima calidad. Ojalá todas las travesías por el desierto fueran así.

Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, ​​1992. Jordi Sargatal, Andy Elliott y Josep del Hoyo a la derecha. Editores del “Handbook of the Birds of the World” Lynx Edicions.

Conquistar a base de hermosura y buen humor es una vía en la que se puede percutir para evitar, por ejemplo, que las actividades económicas que comportan la destrucción del medio ambiente reciban subsidios 35 veces superiores a los que reciben las empresas que lo protegen. Y es que Cerrillo apuntala los asuntos vertiendo oportunas cifras que redimensionan cada frase, cada situación. España no sale muy bien parada, no, después de cuarenta años más bien sorda al clamor naturalista. Un tercio de las ciudades españolas obligadas a activar Zonas de Bajas Emisiones no han cumplido. Desde su nueva responsabilidad, Sargatal intentará aumentar el número de cumplidoras, y frenar aún más el gasto de agua, convertir purines en biogás, cambiar la ley de residuos, aumentar la recogida selectiva de botellas, promover que los grupos medioambientalistas se profesionalicen como lo han hecho en otros países… Son cosas que intentará.

Al final de la subyugante lectura, solo lastrada por las excesivas erratas que la editorial podía haberse ahorrado con un buen corrector, Sargatal emerge como un mago del diálogo y la compensación, capaz de desempolvar proyectos y reanimarlos iluminando al menos un poco el futuro que tantos pintan peliagudo. ¿Por qué creer en él? Habría varias respuestas válidas, pero quizá la principal sea que su vida se ha hilado a fuerza de seguir pájaros, y que, fiel a sus anhelos y convicciones de niñez, es una de las no tantas personas vivas que han visto las veinte especies de cigüeñas del mundo.

Antonio Cerrillo, periodista especializado en medio ambiente en La Vanguardia. Premio Nacional de Periodismo Ambiental. Autor del libro Emergencia climática: Escenarios del calentamiento y sus efectos en España y de Jordi Sargatal, l’home que seguia els ocells.

Jordi Sargatal, l’home que seguia els ocells Antonio Cerrillo Icaria Editorial 378 pág