Is a River Alive? Robert Macfarlane
W. W. Norton & Company
384 pág. USA, 2025
En Is a River Alive? (2025), Robert Macfarlane nos entrega lo que quizás sea su obra más urgente y políticamente comprometida hasta la fecha. El escritor británico, reconocido internacionalmente por su prosa deslumbrante sobre la naturaleza y el paisaje, se embarca en esta ocasión en un viaje que trasciende lo meramente contemplativo para adentrarse en el terreno de la justicia ambiental y la reconceptualización radical de nuestra relación con el mundo viviente.
El título del libro plantea una pregunta aparentemente simple que, sin embargo, desencadena un torrente de interrogantes filosóficos, legales y espirituales. Como él mismo lo dice: "Este libro es un viaje hacia una idea que cambia el mundo, la idea de que un río está vivo. Explora las historias, personas, lugares y futuros de esta idea y otras familiares: que un bosque podría pensar, por ejemplo, o una montaña recordar. Se pregunta qué pasa si nos tomamos en serio la idea de la vitalidad del río".
Macfarlane no se contenta con una respuesta superficial y teórica; en cambio, nos invita a acompañarlo en tres extraordinarias expediciones que sirven como laboratorios vivientes para explorar las dimensiones de esta pregunta: los bosques nubosos de Ecuador, las corrientes moribundas de Chennai en India, y el río Mutehekau-Shipu en Quebec, Canadá.
Lo que distingue a este libro dentro de la ya notable obra de Macfarlane es su capacidad para entrelazar la observación naturalista de primer orden con un profundo compromiso con el movimiento de Derechos de la Naturaleza. El autor no viaja solo como cronista poético del mundo natural, sino como testigo y participante en batallas cruciales por la supervivencia de estos sistemas fluviales. En Ecuador, documenta cómo la Corte Constitucional salvó en 2021 el bosque de Los Cedros y sus ríos de la minería aurífera, invocando los derechos constitucionales de la naturaleza establecidos en 2008. Esta victoria legal, aunque frágil, representa un cambio paradigmático: los ríos no son mera materia inerte para uso humano, sino seres vivientes merecedores de reconocimiento tanto en la imaginación como en la ley.
La agudeza descriptiva de Macfarlane alcanza momentos de brillantez extraordinaria cuando nos sumerge literalmente en estos paisajes acuáticos. Su prosa posee una cualidad inmersiva que va más allá de la simple descripción: nos hace sentir cómo el agua trabaja en él, enseñándole a "recalibrar su afán", a instalarse "en un estado de tiempo presente de no-anticipar, de no saber"; nos transmite la sensación de "estar inundándose desde adentro" y de experimentar una profunda transformación cuando dice que "los ríos fluyen a través de mí, creo; he sido atravesado por su corriente y llevado más allá".
Pero es en su compromiso con los defensores de ríos donde el libro revela su verdadera fuerza moral. El retrato de Yuvan Aves, el joven naturalista y activista de Chennai, es particularmente conmovedor. Macfarlane nos presenta a un hombre que, tras escapar de un hogar violento, encontró en el mundo natural no solo refugio sino una vocación profunda: la defensa de los cuerpos de agua más maltratados que el autor haya presenciado. Las lecciones de Yuvan resuenan a lo largo del libro: "la esperanza es una disciplina". Esta última frase encapsula el espíritu del libro: la esperanza requiere tanto la imaginación de un mundo diferente como el trabajo concreto y sostenido para realizarlo.
La sección en Canadá ofrece quizás el clímax espiritual de la narrativa. Aquí, Macfarlane se rinde finalmente a la admonición de la poeta y líder comunitaria Rita Mestokosho de "no pensar demasiado con la cabeza". Durante once días descendiendo el Mutehekau-Shipu—un río que recibió derechos legales en 2021—el autor experimenta lo que describe como un encuentro con "algo parecido a un dios, algo parecido a un ser de río, algo parecido a la presencia de río". Es un momento de epifanía para el que las palabras se quedan cortas.
Is a River Alive? también está tejido con las voces y perspectivas de comunidades indígenas, científicos, artistas y activistas. Esta polifonía enriquece enormemente la narrativa, recordándonos que la pregunta del título no puede ser respondida desde una sola perspectiva cultural o disciplinaria. Los guardianes de ríos, los jueces constitucionales ecuatorianos, los micólogos, los pueblos Innu—cada uno aporta una forma distinta de conocer y relacionarse con el agua. Macfarlane argumenta que enfrentamos tanto una crisis de legislación como de imaginación, y que reimaginar los ríos como seres vivientes es vital para garantizar su florecimiento futuro y el nuestro junto con ellos.
El compromiso de Macfarlane con la causa de los derechos de la naturaleza no es meramente retórico. El libro funciona como un acto de activismo político disfrazado de literatura de viajes. Al testimoniar las luchas en curso, documentar las victorias legales y dar voz a los defensores de ríos, Macfarlane utiliza su literatura para amplificar estos movimientos. Su prosa exquisita no es un fin en sí misma, sino un medio para transformar nuestra comprensión y, potencialmente, nuestras acciones.
En última instancia, Is a River Alive? no solo responde afirmativamente a su pregunta titular, sino que nos desafía a considerar qué implica esa afirmación. Si los ríos están vivos, ¿cómo debemos comportarnos? ¿Qué leyes debemos escribir? ¿Qué prácticas debemos abandonar? ¿Cómo podemos convertir el reconocimiento de la vida de los ríos en acción política efectiva? Estas preguntas, como reconoce el propio Macfarlane, son "enormes y difíciles de responder", pero debemos comenzar a formularlas. Su libro me recuerda a Gregory Bateson cuando afirma que "la causa principal de los grandes problemas que enfrenta la humanidad es la diferencia entre cómo funciona la naturaleza y la forma en que piensan las personas". La invitación de Macfarlane es entonces a cambiar nuestra forma de ver, pensar y sentir el mundo natural y al ser humano como parte de él.
El libro es, en palabras de Macfarlane, un acto de daylighting—traer de vuelta a la superficie las ideas enterradas, así como los ríos urbanos aprisionados bajo las ciudades. Es un intento de resucitar nuestros ríos a través de ideas antiguas y nuevas que emergen por las grietas. En una época de precariedad planetaria, donde enfrentamos una profunda crisis ambiental, esta reconceptualización esencial podría ser uno de los actos más importantes que podemos emprender.
Is a River Alive? confirma a Robert Macfarlane no solo como uno de los grandes escritores naturalistas de nuestra generación, sino como un pensador profundamente comprometido con las cuestiones de justicia ambiental más urgentes de nuestro tiempo. Es un libro que abre corazones, provoca debates y desafía perspectivas—precisamente lo que necesitamos cuando nuestro destino fluye, y siempre ha fluido, con el de los ríos.
Julián Guerrero