Gracias a la vida Miguel Delibes de Castro
Editorial Destino, 248 pags.
La dedicatoria de mi ejemplar de Gracias a la vida ya podría servir como introducción al libro. “Para Jordi, celebrando su interés por la naturaleza menos vistosa”, escribió su autor. Tras ojear el índice y el texto de la contraportada me decidí a comprarlo, aprovechando la participación de Miguel Delibes de Castro en el festival Liternatura de Barcelona del 2025.
Gracias a la vida, explica Miguel Delibes de Castro en la justificación, es una deuda contraída con su padre, el célebre novelista Miguel Delibes. Padre e hijo habían entablado una conversación sobre los problemas medioambientales del planeta, tales como el cambio climático, la creciente desertificación o la extinción de especies. Una conversación que dio como resultado el libro La Tierra herida, firmado por ambos autores. Los dos compartían la preocupación por el futuro de nuestro mundo, lo cual no significa que no tuvieran sus diferencias. “La desaparición de especies es muy triste pero no dramática, no creo que nos afecte demasiado” le decía el padre, escritor, al hijo, biólogo. Éste recogió el guante y se propuso demostrar que la humanidad también depende de la diversidad de plantas y animales. De modo que Gracias a la vida, un guiño a la canción de Violeta Parra, es sobre todo un ilustrador canto a la biodiversidad y al papel fundamental que en la naturaleza juegan las criaturas más insospechadas. Porque Delibes de Castro no afrontó el reto a la manera fácil, cantando las excelencias de las mariposas polinizadoras o los ruiseñores controladores de las poblaciones de insectos… ¿Acaso los escarabajos y los murciélagos no cumplen respectivamente las mismas funciones? Así, pues, en el índice se suceden capítulos con títulos tan estimulantes como “Gracias a las lombrices”, “Gracias a los buitres” o “Gracias a los escarabajos”. Todos ellos animales despreciados en la cultura occidental. Animales difícilmente adoptables por la comunidad therian y que constituyen esa naturaleza menos vistosa a la que se refería Delibes en su dedicatoria, a años luz de los lobos, perros o gatos de moda.
El libro empieza hablando de las malas hierbas. Aquí aprendemos que el meliloto, o trébol amarillo, una discreta planta que crece en cunetas y campos abandonados, fue el origen de anticoagulantes utilizados actualmente como la warfarina o el Sintrom. De hecho, muchos fármacos actuales contra la hipertensión provienen del veneno de arañas y avispas. Del mismo modo, la ponzoña extraída de los letales caracoles marinos Conus ha dado lugar a poderosos tratamientos contra el dolor.
Otra contribución beneficiosa para la salud humana corre a cargo de los denostados buitres. Su eficiencia carroñera es de gran ayuda para contener epidemias y también para localizar los focos de éstas, gracias a su habilidad para encontrar cadáveres. En este capítulo el autor introduce un elemento ajeno a la biología pero de gran importancia si se busca la implicación de gobiernos y empresas para la conservación del medio ambiente: la economía. En un ejercicio de lo que podríamos llamar monetización de la naturaleza Delibes nos dice que en 2012 se estimaba que los buitres en España retiraban más de 8.000 toneladas de carroña, ahorrando así entre uno y dos millones de euros en gastos de recogida y eliminación de ese material.
Gracias a la vida nos muestra el importante papel que también juegan bacterias y hongos a la hora de descomponer y mineralizar materia orgánica. Aquí hay que sumar la labor de las lombrices, que además actúan como bioturbadores, creando canales y poros en la tierra que mejoran el rendimiento agrícola. La actividad de estos animales también ha formado extensas áreas de mantillo vegetal, un asunto tan importante como para que Charles Darwin le dedicara su última obra, publicada pocos meses antes de su muerte. En la conclusión, nos dice Delibes, el célebre naturalista resalta el importante papel que en la historia del mundo han jugado esas “criaturas inferiores”.
No menos importante es la contribución del fitoplancton a la fotosíntesis. Las plantas terrestres han sido fundamentales para oxigenar el planeta pero, consciente de lo mucho que ya se ha escrito sobre los bosques y en concreto sobre la selva amazónica, el autor prefiere ceder el protagonismo a los ignorados microorganismos marinos. Toda una declaración de principios respecto al contenido de este libro. Igual que también lo es poner en primer plano a los escarabajos como agentes polinizadores.
Gracias a la vida es un ensayo rico en datos sobre ciencias naturales. Miguel Delibes de Castro es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid y durante ocho años fue director de la Estación Biológica de Doñana. Su extensa erudición en el campo de la biología se muestra a lo largo de todo el libro. Ocasionalmente incluso da la impresión de escribir de manera un tanto apresurada con el fin de encajar numerosos detalles de investigaciones científicas en un capítulo. Al igual que en la charla en el festival de Liternatura, el tono es cercano, coloquial, aunque no por ello menos académico. Esta obra es, en definitiva, un esclarecedor homenaje a esos necesarios “patitos feos” de la naturaleza.
Jordi Ballart Macabich