Dicen las jacarandas Alberto Ruy Sánchez
Ediciones Era, 96 págs.
EL BOSQUE OCULTO DE LAS CIUDADES
No hay nada más artificial que nuestra relación con la Naturaleza. Lo natural ha desaparecido de nuestras vidas. Des de la eclosión del Yo romántico y el advenimiento de la subjetividad de estirpe rousseauniana la bondad, la soledad y la naturaleza van de la mano mientras que la cultura, la sociedad y la ciudad son el principio del mal. Hemos olvidado que somos y formamos parte de la Naturaleza y que precisamente la cultura y los avances tecnológicos son los que asientan nuestra naturaleza humana. Pensamos que la civilización y el progreso se oponen a lo natural porque vemos todo lo no-humano como un objeto sin vida, como un simple recurso inerte presto a ser depredado. Sin embargo, la Naturaleza nunca ha dejado de existir. La Naturaleza siempre ha estado aquí. En medio de las ciudades.
En su poemario Dicen las jacarandas, Alberto Ruy Sánchez se maravilla ante el florecimiento de las jacarandas en la ciudad de México y recoge su presencia y su voz vegetal desde una vertiente tanto humana como no humana. El libro presenta una entidad muy sólida en su variedad estilística y en sus cambios de perspectiva sin perder nunca una cuidada unidad. La Naturaleza, la ciudad y el poeta conforman un todo. Los límites entre sujetos humanos y no-humanos se diluyen para cantar “el júbilo de la madera en floración” y “la inmediata rebelión de su poesía”.
En estos poemas las jacarandas pueden hablar tímidas y solitarias directamente al poeta o todas a la vez, unidas en un coro griego: “han gritado todas/ al mismo tiempo. /Agitan en coro sus ramas, / dejan volar sus historias”. También pueden hablar entre ellas como ha evidenciado la neurología vegetal y uno de sus precursores el botánico Stefano Mancuso. El poeta intuye que los árboles conforman una comunidad secreta. “Si es cierto que se hablan/los árboles bajo tierra” (…) ”si es verdad que/nunca están solos” (…) Si todo esto sucede/ incluso en grandes ciudades”.
En el poema “Quimeras citadinas” el poeta nos cuenta sus impresiones sobre las jacarandas: “Yo las veo como centauros, /improbables y posibles, / casi humanas, casi equinas, / casi flores, casi frutos. El bosque oculto de las ciudades explosiona con su floración y escribe su poesía en el aire”. El poeta escucha y contempla: “Me impresionan porque existen/ y dan luz a mi existencia. / Porque encienden mis ciudades/ de un fuego azul demorado.”
El libro traza, a su vez, la mitología y la historia de las jacarandas en la ciudad de México. La historia humana de la planta. Así en Mitología amazónica nos habla de su origen: “En guaraní, que es su lengua, / quiere decir perfumada”. Y en los poemas Mitología japonesa y Migraciones de la historia de su presencia: “Un jardinero de oriente, / de la isla de los asombros, / se propuso en las aceras/ de esta ciudad de palacios /crear un jardín callejero”. “Los árboles viajan/pero son seres lentos”.
En la sección Collage de hojas sueltas aparecen poemas de una versificación más larga y un tono más oral donde el poeta recopila y colecciona citas de otros poetas y escritores sobre las jacarandas.
De igual forma, en Hablantinas Alberto Ruy Sánchez recupera la genealogía poética y la vida secreta de los árboles en diálogo con poetas y escritores como Robert Frost, Herman Hesse, Marianne Moore o Juan Ramón Jiménez. Lo individual y lo colectivo están presentes en todo momento en Dicen las jacarandas, la flor y el árbol de la jacaranda, el árbol y el bosque, el arbolado y la ciudad y en medio, el poeta y su tradición poética. Este libro de poemas es como otro bosque en nuestras manos y su autor, otro jardinero japonés que cultiva con amor y oficio sus árboles.