Autobiografía de un pulpo‍ ‍Vinciane Despret

consonni 141 págs.

Ahora que La Gran Conversación entre humanos y compañía parece tomar carrerilla y se multiplican los libros sobre animales y plantas y etcétera, y después de que un exitoso documental catapultara la popularidad de los pulpos, titular a tu obra Autobiografía de un pulpo podría sonar oportunista. Ni lo pienses. Estás ante una obra fuera de serie. Original a la vez que fascinante, capaz de ofrecer un punto de vista insólito, futurista sin alardes escenográficos, revolucionaria sin duda, una especie de tímido terremoto que invita a cambiarlo todo. 

Este modernísimo artefacto proyecta a una época en la que se han conseguido descifrar múltiples formas de comunicación animal gracias a la terolingüística, “rama de la lingüística que se consagra a estudiar y traducir la producción escrita de los animales (y ulteriormente de las plantas), ya sea bajo la forma literaria de la novela, de la poesía, de la epopeya, del panfleto o incluso del archivo”. Se presenta, en fin, una disciplina que desborda a las categorías literarias humanas. Imagina lo que te espera. 

Todo empieza con un problema de acúfenos que conduce a un estudio meticuloso de las arañas, a las vibraciones y señales que se envían. Entonces, se descubre la literatura arácnida. A partir de aquí, el universo narrativo se amplía tanto como animales puedas discernir. Todo planteado de una manera ortodoxa, a base de informes científicos, académicos, que conceden a las explicaciones una verosimilitud con sello oficial. 

Lo hoy todavía impensable suena muy sensato en el libro, campea como la nueva lógica, y por eso los expertos de esa época critican la mentalidad anticuada de quienes tardaron tanto tiempo en comprender la inteligencia de los otros seres vivos, la ceguera de unos humanos que, “adoptando una perspectiva todavía heredera del cartesianismo” no pudieron imaginar que las heces podían ser portadoras de significado (... ) Pero, ¿cómo no lo vieron?”. Tanta tecnología y tanto científico, para qué. 

Es un punto de vista casi humillante para la humanidad de 2026, pero ¿quién se atreve a descartar que estamos atravesando una era de Gran Inopia? 

La ingeniera de esta brillante provocación es la filósofa y psicóloga belga Vinciane Despret, que lleva décadas estudiando las relaciones entre humanos y animales y posee una vena hipercreativa. Para presentar el libro, en 2021, hizo una performance con un pulpo en el Centro Pompidou de París. Es que es muy conceptual, por sus gafas de pasta gruesa la intuirás, de ahí que haya sido capaz de este volumen. 

(Conste que la editorial Consonni lo publicó en 2022. Nosotros lo reseñamos ahora porque esta web es joven).

Sobre el contenido, una descripción somera: el libro se divide en tres partes. Una, con las arañas como protagonistas, introduce a la terolingüística y los horizontes por escrutar: quizás un día descubramos, escribe Despret, que los borborigmos estomacales son coros líricos de poblaciones bacterianas en nuestras vísceras. Y “recordad que no solo lo viviente tiene cosas que contar”. ¿Flipas?

La segunda parte se dedica a las investigaciones sobre literaturas panfletarias y líricas que fueron decisivas para comprender las citadas construcciones fecales de los wómbats. Semejante logro abre vías para de pronto identificar a la novela policial de la amapola en su lucha contra los productos fitosanitarios. Es posible que esto suene a ida de olla que oscila entre Los Simpson y la enfermedad mental pero, créeme, es una ventana a preguntas y acciones transformadoras que, por cierto, sitúan a la literatura oral en un estadio sideralmente primitivo. 

La tercera parte, la más larga, es Autobiografía de un pulpo. En este bloque, varios investigadores intercambian correos sobre sus pesquisas en torno al octópodo, una criatura plus que sabe ocultarse como nadie. El pulpo “siempre se ha preocupado por no dejar ninguna huella perdurable”, afirman los cerebritos, que lo describen como un maestro del camuflaje, proclive a la indetectabilidad. Con tal de no ser visto, “su único hábito es la manía de romper los hábitos”. Paradójicamente, su talento para esfumarse se debe a lo bien que interpreta y se comunica con el entorno gracias a sus tres corazones y a esos tentáculos que descifran los estímulos alrededor a hipervelocidad para, por ejemplo, cambiar de color a la carta -su arco cromático asombra- o soltar chorros de tinta que, según los expertos, contienen todo un vocabulario de insultos y términos malsonantes. Por si fuera poco, el pulpo simboliza la esperanza perpetua, porque, por cruda que sea la situación, se mueve “motivado por una convicción casi kafkiana: siempre hay una salida”.

Con el pulpo como emblema, Despret plantea un futuro en el que los humanos ya hemos discernido muchas potencias de la inteligencia animal, y describe el genio de otras especies de un modo tan verosímil y realista que, a los humanos de hoy, nos permite creer que ese mundo existe… existirá. Cuando los narradores imaginan futuros posibles, unos optan por que el inexorable apocalipsis saturará el planeta de búnqueres mientras los millonetis se mudan a cualquier planeta, mientras que otras, como Despret, confían en multiplicar la conexión con la red que todavía nos sustenta. Despret hace creer que la voz de los demás es valiosa. Teniendo en cuenta la cantidad de voces que circulan alrededor, este libro es una llamada a apreciar ese tesoro.


Gabi Martínez